
Entre motores, esfuerzo y pasión: Ariel Gilardoni volvió al podio en la GT900
Por Florencia Belén Mogno.
El automovilismo zonal continuó consolidándose como uno de los espacios deportivos más representativos de la provincia de Buenos Aires. Lejos de las grandes estructuras económicas y de los equipos profesionales que dominan las categorías nacionales, cientos de pilotos mantuvieron viva la tradición fierrera desde talleres familiares, garages improvisados y circuitos históricos que cada fin de semana reunieron a fanáticos de distintas generaciones.
En ese contexto, las competencias regionales se transformaron en mucho más que simples carreras. Para muchos corredores representaron un proyecto de vida atravesado por el sacrificio cotidiano, la constancia y la necesidad de sostener económicamente una pasión que exige horas de trabajo, inversión permanente y un fuerte acompañamiento del entorno más cercano. Cada resultado obtenido en pista lleva detrás una historia construida con dedicación y perseverancia.
Las categorías zonales también conservan una esencia que todavía persiste dentro del automovilismo argentino. Muchos pilotos continúan desempeñándose no solamente al volante, sino también en el mantenimiento del automóvil. Esa realidad convirtió cada avance deportivo en una conquista colectiva, donde familias enteras participaron activamente para mantener en funcionamiento autos históricos que aún encontraron lugar dentro de la competencia.
En ese marco se instala el nombre de Ariel Gilardoni, piloto de la categoría GT900, quien esye fin de semana disputó la quinta fecha en el circuito del Autoclub General Belgrano. Allí, el corredor logró un esperado segundo puesto en las dos finales correspondientes a la categoría Master, resultado que significó una importante recompensa al trabajo realizado durante los últimos meses.
Un resultado esperado en General Belgrano
De esta manera, cabe destacar que Gilardoni participó a bordo de un BMW De Carlo 700 modelo 1960, un vehículo que desarrolló prácticamente de manera integral junto a su equipo de trabajobco conformado por Antonio Salinas, Pablo Soler, Santiago Villa y Martín Ojeda.
En ese sentido, este auto representa no solamente una pieza histórica dentro de la categoría, sino que también se constituye como el reflejo de una construcción sostenida con enorme dedicación y compromiso.
El piloto bonaerense llevó adelante gran parte de las tareas vinculadas al funcionamiento del vehículo. Además de competir, también se desempeñó como mecánico y chasista, ocupándose personalmente de distintos aspectos técnicos fundamentales para sostener el rendimiento del BMW dentro de una categoría competitiva.
El valor del trabajo colectivo
Detrás del proyecto deportivo apareció además el acompañamiento constante de su familia, un grupo de amigos y distintos sponsors que colaboraron tanto en las carreras como en el trabajo diario dentro del taller.
Desde San Justo, en el partido de La Matanza, en la provincia de Buenos Aires, el equipo sostuvo el desarrollo del auto con esfuerzo y constancia, afrontando las dificultades que se presentan para los deportistas.
En el automovilismo regional, el sostén humano resultó determinante para que numerosos pilotos pudieran mantenerse en actividad. Lejos de las grandes inversiones, la mayoría de los equipos construyó sus proyectos a partir de vínculos cercanos, ayuda mutua y una fuerte identificación con la pasión por los fierros. La historia de Gilardoni reflejó precisamente esa lógica de trabajo colectivo que todavía caracterizó a gran parte del deporte motor argentino.
El segundo puesto conseguido en General Belgrano tuvo además un valor especial por el proceso previo que atravesó el equipo. Cada mejora incorporada al BMW fue producto de largas jornadas de preparación, pruebas mecánicas y trabajo artesanal dentro del taller. Por ese motivo, el resultado obtenido durante la quinta fecha fue vivido como una verdadera recompensa al sacrificio acumulado.
Una pasión que sigue creciendo
En paralelo, el crecimiento de los campeonatos regionales también sostuvo el espíritu popular del automovilismo bonaerense. Cada carrera reúne a pilotos y equipos, como así también a familias enteras y seguidores que encuentran en los circuitos un espacio de encuentro.
Para Ariel Gilardoni, el podio alcanzado en el Autoclub General Belgrano representó mucho más que un resultado deportivo. El segundo puesto confirmó el valor de la perseverancia, el trabajo independiente y el acompañamiento colectivo que hizo posible mantener vivo un proyecto construido desde el esfuerzo cotidiano.
Entre motores, herramientas y kilómetros recorridos, el piloto de San Justo volvió a demostrar que en el automovilismo zonal todavía existieron historias donde la pasión ocupó el lugar principal.
Fuente fotografías: P.H Aron Junco y @curvonfotos


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