Un documental estrenado en la Berlinale recorre la vida de Tina Turner, sus canciones, los años de abusos por parte de Ike Turner, y es su adiós a la vida pública

Tina Turner y las Ikettes, en 1973, en una imagen del documental ‘Tina’. En el vídeo, tráiler del documental.

No hay dudas ni requiebros. Tina, el documental dirigido por Daniel Linday y T. J. Martin, está auspiciado desde el mundo Tina Turner. Entre los productores asociados, su marido, Erwin Bach. Solo al final el mismo Bach confirma lo que sospecha el espectador: “Este filme es el final de su vida pública, su conclusión”. Ahora bien, el viaje es fantástico, y aunque no haya tanta música como cabría esperar, ver rugir a Tina Turner en diferentes escenarios a lo largo de seis décadas de carrera hipnotiza a cualquiera. Seis décadas marcadas por los abusos físicos y psicológicos que le infligió su marido, Ike Turner, y que han marcado su existencia. “No hay otra manera de contarla”, comenta Tina, “he sufrido una vida de abusos”. El filme se estrena en la Berlinale, en la sección Berlinale Special.

En 1981 Tina Turner decidió relatar al mundo “las torturas, la vida de muerte”, según sus propias palabras, que había sufrido durante tres lustros por parte de Ike Turner, de quien se había divorciado tres años antes. En el mundillo musical era un secreto a voces, pero hasta ese momento ninguna estrella se había confesado cara al público de esa manera. Y lo hizo en la revista People, en aquellos años una de las más leídas. Esa confesión articula buena parte del documental. Lo curioso del filme es que subraya la gran cantidad de veces que la cantante, hastiada, ha intentado dar carpetazo a su pasado, y cómo este vuelve a la carga: esa entrevista; el libro I, Tina (1986), coescrito por Kurt Loder, y la película What’s Love Got To Do With It (1993), con una fascinante Angela Bassett como álter ego de la artista, que en la rueda de prensa de su estreno en el festival de Venecia dijo: “No la he visto. ¿Para qué volver a recordar aquellas palizas?”.

Sentada en una silla en un hotel en Zúrich en 2019, Tina Turner (Brownsville, Tennessee, 1939) recuerda la primera vez que vio a Ike: “Me había mudado con mi madre a St. Louis y fui a ver a la banda del momento”. Ella tenía 17 años. Tras varios días asistiendo a sus conciertos, él le pidió que cantara, y descubrió su chorro de voz. “Yo llevaba dos vidas”, recuerda la artista, “de lunes a viernes estudiaba y los fines de semana me convertía en cantante”. Anne Bullock, su auténtico nombre, se había criado en Nutbush, donde sus padres trabajaban recogiendo algodón, y había cantado en el coro de una iglesia baptista en los años en los que vivió con sus abuelos, cuando sus padres la abandonaron, a ella y a sus dos hermanas mayores. Tina recuerda las peleas entre sus progenitores, la tormentosa y abusiva relación que luego se repitió en sus carnes.